SÁBADO NOCHE, DESORDEN NATURAL
Es increíble la capacidad que tenemos para dotar a cada cosa de una causa, una finalidad y casi un sentido único. Nada ni nadie se escapa, ni las cosas más cotidianas. En todo hay o encontramos un orden natural y desapercibido.
Digo esto porque repasaba la agenda y me he encontrado una cita inesperada. Lunes 6 de julio a las 10:30 de la mañana, recuerda, cita con el dentista. Y de repente me ha parecido un día y una hora extraña ¿en qué estaba pensando? Los lunes no son para ir al dentista, los lunes son para… los lunes son para…¿para qué son?
Seguro que hay millones de respuestas. Más de una por persona, más de una finalidad, un estado de ánimo y un sentido para cada día. Los lunes por ejemplo son para trabajar, para refunfuñar por ir a trabajar, para temer la llegada a la oficina, para encontrar más atasco que nunca, para perder la mañana arreglando papeles en el banco…
Que por cierto, ¿cómo se arreglan papeles en el banco? ¿Os ha pasado alguna vez? ¿Os ha llamado el director de vuestra sucursal para solicitaros que os personéis en la oficina y arregléis vuestros papeles? ¿Los dejásteis desordenados la última vez? ¿Es que los empleados se dedican a romper tus valiosos documentos y después te citan, te dan un bote de cola y te obligan a dejarlos como nuevos? A mí no me ha pasado nunca, pero si es así me alegro de ser una de las pocas personas que sólo va al banco para hacer ingresos en efectivo, cosa que en último año y tal y como va mi economía, no ha sucedido ni una sola vez. Sí, definitivamente para mí ni siquiera los lunes son días de banco.
Pero volvamos al asunto del orden natural inventado y esta vez sin incisos.
Los lunes son para cabrearse, trabajar y ver la televisión antes de acostarse.
Los martes son para trabajar, ir al supermercado, y hacer cosas extrañas como ir al médico, planchar o elegir muebles.
Los miércoles son el meridiano del mosqueo (de más a menos), el trabajo se sobrelleva, se toma café e incluso se va al cine. También se hacen cosas extrañas, pero menos.
Los jueves son para trabajar y acumular más trabajo, publicar en facebook que mañana es viernes y quedar para tomar una birra al salir del curro.
Los viernes son para planificar el trabajo del temido lunes que viene, llegar cansado a casa y salir o no, dependiendo del estado civil y del estado de tus finanzas.
Los sábados son el día de las compras compulsivas, la limpieza de la casa, las comidas familiares y el sábado noche es… un agujero negro.
Y dentro de ese agujero, en este preciso instante, estoy yo. Escribiendo sobre el absurdo, fumando y escuchando a Norah Jones. Y si a alguien le parece una estampa romántica y piensa mientras escribo estoy radiante, hermosa y feliz, se equivoca.
Hace mucho calor, el aire acondicionado se ríe de mi tras su embalaje, tengo sombras de resaca y rimmel bajo las pestañas y estoy enfadada con los señores que programan la parrilla de televisión. Lo último que he visto aparecer en la pantalla era una señora mayor armada con un micrófono, dispuesta retransmitir carreras en un hipódromo hasta matarme de aburrimiento. Le he dicho, “ya me torturo yo sola, gracias”
Y aquí estoy. Atrapada en un agujero-noche. Preguntándome si en realidad hay un orden natural inventado y debería estar haciendo otras cosas para no contradecirlo, pero nadie me lo ha dicho. Miro con insistencia mi agenda. Sábado noche. Calla y otorga.
Un día de estos averigüaré qué.
Mientras eso ocurre o no, me deslizo peligrosamente hacia la segunda página, miro la hora en la barra de herramientas, apuro las últimas caladas y pienso que a pesar de este desastre nocturno, hay cierta dosis de benevolencia en este absurdo orden natural inventado. Mañana es domingo. Oficialmente y sin lugar a dudas, el día de no hacer nada, el día del Señor. Que Dios bendiga al tipo que tuvo la genial idea de dejar constancia por escrito. Amén.